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miércoles, 21 de noviembre de 2012

VENEZIA EN MAREA ALTA. DESPOSORIOS CON EL MAR

 


Si supieras, amiga mía,
si pudieras verla
con qué aterciopelada melancolía,
con cual dulce y húmeda suavidad
con qué sedoso amor,
el agua invade, besa, abraza,
en su marea alta a Venecia.
Viene despacio e inexorable
a acariciar la gris piedra
y la besa con su intensidad salada.
!Oh si las aguas pudieran hablar!
Hablarían a la vetusta piedra,
mientras lentas la abrazan,
de sus viejas historias,
de piratas y marineros de la ciudad,
                                          de los solemnes esponsales
de los Dogos con el mar.
Le contarían de Giacomo Casanova
y de sus fiestas amorosas y libertinas
en las antiguas casas del Gran Canal.
!Oh aguas que besan, que acarician,
que te hacen soñar
en los días de alta marea
entre el cielo y la laguna,
!Oh niebla que baja lenta!
!Oh gris algodonoso!
!Oh aguas que invaden calles,
plazas, plazuelas, casas y palacios!
!Oh, amiga mía, tanta belleza
me hace desvariar!
desposamus te, mare.
                                                 In signum veri perpetuique domini”
 
 




jueves, 30 de agosto de 2012

MUERTE EN VENECIA REMEMBER


Solo tu belleza dorada,
adolescencia florida,
luz que al tiempo trasciende
y a través de tus ojos ilumina
la septembrina tarde que lenta muere.
Solo eso, solo tú, Tadzio, eres
quien en el Lido ya otoñal de Venezia
das luz a esas apagadas vidas como la mía
que lentas se apagan cual fantasmas
evanescentes en un atardecer escarlata.
El arenal abandonado por las personas
ha sido retomado por las aves marinas.
Observo a las gaviotas, altivas sus cabezas
desafiantes al sol tornado escarlata
y ellas unidas, quietas, observan
al misterioso disco poniente.
Y así, tú, Tadzio, como ellas
eres retoño a la espera de volar, y yo, 
cual figura fantasmal, te contemplo
intentando en vano retomar esa vida
que me  impida licuarme, desaparecer,
cual gris medusa arenada,
ya perdidos elegancia y color,
no más tornasolada y flotante en el agua,
sino materia gris e inerte en la orilla
arrastrada por olas y mareas.
Si pudiera entrar en ti ,Tadzio,
!Oh, si pudiera! Resucitaría,
podría volar alto en el cielo,
mecerme viva y brillante en el mar,
!Oh, si pudiera, Tadzio!
vivir la vida nueva de tu adolescencia,
y de nuevo soñar, proyectar, amar,
!Oh Tadzio!, sin embargo esa vida
que en ti brilla como el sol
a mi, lánguida, se me va.

Recordando la obra MUERTE EN VENEZIA de Tomás Mann
1912-2012 



 






lunes, 20 de febrero de 2012

CARNAVAL VENECIANO CON DISFRAZ ORIGINAL





A ella te la encuentras
donde menos puedas esperar
incluso un martes de Carnaval
en Venecia en el Café Florián.
La he visto sentada ante mí
de encaje, raso y seda ataviada,
la cara cubierta de una máscara,
amarillo ofidio el color de sus ojos.
Inclina la cabeza con su peluca
brillante, blanca, empolvada,
Ajena al rumor y a la música
la extraña dama queda dormida.
Sus acompañantes extrañados
intentan en todo modo despertarla.
Pero no, de nada sirve zarandearla
ni mojar con agua gélida su cara.
Ni que se paralice el Café Florián
todos pendientes de la escena.
La dama toda voz desoye,
e incluso callan los músicos,
los clientes y camareros se paran,
todos la miran con estupor
mudos, escrutan su respiración.
De su boca surgen despacio
gusanos e insectos inmundos,
cucarachas tornasoladas que escapan
que ellos persiguen y pisan
y crujen fétidas machacadas.
Enmudece la música, en el súbito silencio
se sienten gritos, aullidos, insultos,
en la extraña tarde de Carnaval
tan repentinamente obscura,
que hasta la luna se esconde
tras una niebla algodonosa
extendida por la Piazza San Marco.
Sobrevienen la noche mientras
sobre nuestras cabezas vuelan
cuervos negros y murciélagos que,
ante la dama sorda, muda y aletargada,
se adueñan del aire y de la entera plaza.
Puedo asegurar de no haber visto nada así,
quizá la bebida, alguna copa de más.
Quizá se disfrazó de Razón Dormida
la misteriosa dama y liberó en Carnaval
los monstruos que dentro albergaba.
Cierto, un disfraz harto original.
A un cierto punto abre los ojos
como si nada ocurriera y bosteza,
he aquí que reinicia la música,
y las máscaras, los músicos y camareros
vuelven a su fiesta, risas, serpentinas.
Me vuelvo desde la puerta giratoria
antes de salir a la noche carnavalesca,
una alegre multitud llena la plaza,
no hay más murciélagos sino palomas.
Si, cierto, el sueño de la Razón genera
monstruos aún solo imaginándola
un martes de Carnaval en el Florián.