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lunes, 10 de junio de 2013

LOCOS EN EL LABERINTO

 

Te fuiste un día
perdiéndote en la niebla.
En principio era una calígine leve,
deviniendo lechosa y densa.

Quedaste ahí,
como una fotografía
parada y quieta
que de ocre el tiempo pinta.

Al inicio no recordabas
y solo vagabas en silencio.
Pero ahora hablas a los árboles de cristal
y a las ranas de la verde charca.

Encontraste la bicicleta oxidada
y al diablo de mi sombrero.
A tu encuentro fueron los pájaros
e incluso la mariposa aquella azul.

Hallaste tus soldaditos de plomo
y el álbum de cromos
y hasta tu pizarrín.

Sonaban bellas canciones
muy dentro de ti
y abrazaste tantos amigos
cuyo nombre no recordabas.

Ni ellos tampoco lo recordaban
pero no importaba.

Mala vida no es
la de aquellos que todo olvidan.


Peor es aquella
la de los que los recuerdan.


domingo, 21 de abril de 2013

EXIT

 
En el camino
todo se ha hecho incierto, bajo y breve,
así como el sendero angosto
dentro del bosque oscuro.

Y has llegado tú, Violeta.

Era arduo hasta ahora
afrontar la bajada
entre piedras y guijarros.
Pero me has dado tu mano,
Violeta.

Y hasta la niebla
que me había envuelto
como sudario viscoso y frío
se ha disipado.
Ha sido tu mirada,
Violeta.

Grises son tus ojos,
Violeta, grises,
preludio de la noche
que sobre mí incumbe.

Había olvidado mi nombre
pero tu me lo recordaste,
Violeta.

Había olvidado las palabras,
Violeta,
pero tu me las escribiste
en la palma de la mano.

El bosque oscuro
está dentro del laberinto.
Pero tú me vas a ayudar
a alcanzar la puerta.

Muerte con rostro gentil
que abrazas a quién se pierde
y en el último tramo,
Violeta
brindas tu luz.




martes, 14 de agosto de 2012

LAS ERINIAS EN EL LABERINTO


Tiemble el caminante si en el laberinto
encuentra a las Tres Erinias
no importa si juntas o separadas,
Tisífone, Alecto y Megara
le parecerán tres hermosas muchachas,
de esas con mirada de tímida gacela
y etéreo y silencioso caminar.
Pero si fija de ellas las pupilas,
no importa si de Tisífone, Alecto o Megara
verá que hipnotizan cual araña
a la incauta hormiga, y
quedará envuelto, atrapado, inerme,
en su tela cristalina perfumada.
No encontrará salida y su destino mortal
quedará cumplido ante esos ojos
que hielan y esas palabras que matan.
Tiemble pues el caminante que en el laberinto
vea a Tisífone, Alecto o Megara,
huya de la maléfica presencia,
si le queda fuerza y tiempo
antes de ser incauta víctima
de la violencia de Tisífone
que solo de sangre se alimenta,
de la ira de de Alecto
que el corazón devora,
de la venganza de Megara
que con fuego ciega.