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miércoles, 28 de noviembre de 2012

JUGANDO CON LAS MUÑECAS

 

Jugaban con las muñecas
y reían felices
sentadas junto al ventanal.

Relucían los ojos azules
de María
manejando los vestiditos de Barbie
y Catalina paseaba la suya
en su caballito blanco.

Lucía bello el sol matinal
e infantiles sonaban sus risas
como de pequeñas aves cantoras
cuando albea el día.

Ya no recordaban
penas y angustias pasadas,
niñas eran las dos ancianas
en sus juegos de la mañana.

En la Residencia
cuando jugaban con muñecas,
tiernos pajarillos de cabeza blanca,
atrás quedaban todas sus penas.


sábado, 28 de abril de 2012

CARACOLA

Caracola irisada
 donde moran mis sueños
 y duermo mi soñada muerte,
 de estrella fugaz que se para.
 Caracola irisada cama mía dorada
 donde nada acontece
 calma de las calmas
 por fin llegada.
 Caracola irisada
 bella y escondida
 misterio de las hadas
 que sus manos mecen.
 Caracola irisada
 sombra que reluce
olvidando ser sombra,
 noche resplandeciente
de días desaparecidos
 en un atrás infinito.
 Caracola irisada,
 sueño dentro a un sueño
 vida por fin vivida
absoluta calma

domingo, 8 de enero de 2012

EL JARDÍN DE LOS ÁNGELES NONATOS




...Y veo pasar ángeles bellos e iridiscentes
que iluminan el laberinto de cristal,
caminando silenciosos con sus diminutos pies,
causando asombro a los seres vagantes del lugar
que sin saber quienes son, les saludan gozosos.




Oh sí, están llegando los ángeles
-quién lo dijera- al laberinto de cristal,
lugar de perenne búsqueda ansiosa de algo,
palabras, recuerdos, cosas o personas perdidas
obscuro y donde raramente brilla la felicidad.




Son niños que no han conocido la luz
y ellos mismos en luz se convirtieron
esparciendo por donde van su luminosidad.



Algunos son tan pequeños, exiguos, mínimos,
que en la palma de la mano pueden caber,
edad no tienen de caminar y sin embargo caminan.




Son los niños que nunca han existido,
niños que ni siquiera tuvieron un nombre,
algunos se fueron sin avisar y otros,
fueron expulsados en su silencio sin gritos,
pequeños despojos a los que nadie llorará.




Hijos del amor, la indiferencia o del dolor,
ahora van luminiscentes, radiantes, alborozados
a alumbrar aquellos ángulos sombríos
del desconcertante laberinto de cristal.




En la fila de las minúsculas criaturas,
brillantes cual luciérnagas en la noche,
me parece entrever al pequeño David,
también él punto de luz que deslumbra.




Y aunque nuestras miradas se cruzan
no lo puedo ni rozar a través del cristal,
hoy es ángel en el jardín de los ángeles
verle me da sentido y colma de serenidad.




A DAVID
A LOS NIÑOS DEL “JARDÍN DE LOS ÁNGELES NONATOS”
ROMA