viernes, 20 de abril de 2012

CALMA




CALMA
Quién sabe dónde te perdiste, calma,
que nunca más volví a encontrarte.
Desde que me abandonaste,  perdida vivo
en mi translúcido laberinto de cristal.
Y mientras te busco veo tu sombra
escapar lejana, huidiza, inalcanzable.
Fuiste sol de media tarde,
fuiste dulce susurro de hojas
estremecidas por el viento,
fuiste coro de ángeles en forma
de pájaros cantores entre las ramas.
Fuiste olor a lluvia tras el temporal
arco iris en el lloroso cielo
besado por el reaparecido sol.
Quién sabe como te perdiste, calma,
huiste un día sin siquiera saludar
y tras de ti quedaron noches insomnes
crujidos siniestros, pesadillas,
monstruos de viejas buhardillas
en forma de foto, de carta, de cromo
de beso lejano y carta amarilla
perdidos en el doloroso olvido.
Y en éste nocturno silente sin luna
está la angustia y no la calma.
Está el corazón galopante como
caballo desbocado en la estancia
y húmedas lágrimas en la almohada.




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