lunes, 20 de febrero de 2012

CARNAVAL VENECIANO CON DISFRAZ ORIGINAL





A ella te la encuentras
donde menos puedas esperar
incluso un martes de Carnaval
en Venecia en el Café Florián.
La he visto sentada ante mí
de encaje, raso y seda ataviada,
la cara cubierta de una máscara,
amarillo ofidio el color de sus ojos.
Inclina la cabeza con su peluca
brillante, blanca, empolvada,
Ajena al rumor y a la música
la extraña dama queda dormida.
Sus acompañantes extrañados
intentan en todo modo despertarla.
Pero no, de nada sirve zarandearla
ni mojar con agua gélida su cara.
Ni que se paralice el Café Florián
todos pendientes de la escena.
La dama toda voz desoye,
e incluso callan los músicos,
los clientes y camareros se paran,
todos la miran con estupor
mudos, escrutan su respiración.
De su boca surgen despacio
gusanos e insectos inmundos,
cucarachas tornasoladas que escapan
que ellos persiguen y pisan
y crujen fétidas machacadas.
Enmudece la música, en el súbito silencio
se sienten gritos, aullidos, insultos,
en la extraña tarde de Carnaval
tan repentinamente obscura,
que hasta la luna se esconde
tras una niebla algodonosa
extendida por la Piazza San Marco.
Sobrevienen la noche mientras
sobre nuestras cabezas vuelan
cuervos negros y murciélagos que,
ante la dama sorda, muda y aletargada,
se adueñan del aire y de la entera plaza.
Puedo asegurar de no haber visto nada así,
quizá la bebida, alguna copa de más.
Quizá se disfrazó de Razón Dormida
la misteriosa dama y liberó en Carnaval
los monstruos que dentro albergaba.
Cierto, un disfraz harto original.
A un cierto punto abre los ojos
como si nada ocurriera y bosteza,
he aquí que reinicia la música,
y las máscaras, los músicos y camareros
vuelven a su fiesta, risas, serpentinas.
Me vuelvo desde la puerta giratoria
antes de salir a la noche carnavalesca,
una alegre multitud llena la plaza,
no hay más murciélagos sino palomas.
Si, cierto, el sueño de la Razón genera
monstruos aún solo imaginándola
un martes de Carnaval en el Florián.

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